Córdoba te lo dijo: “Fortalecer la independencia del Poder Judicial es materia pendiente”

Tensión en el Poder Judicial

Dr. Carlos Raúl Nayi

Así lo afirma en un medio colega un cordobés reconocido por su labor jurídica: Carlos Raúl Nayi. El letrado saltó a la fama por defender a víctimas de delitos tanto en el área civil como penal. En casos resonantes, la palabra del Dr. Nayi marca, tal cual lo anuncia el sitio web de su estudio jurídico, el “absoluto compromiso humano y técnico puesto a disposición de brindar la mejor asistencia posible junto a una representación legal de primera calidad”.

No se trata de una mera oferta de servicios sino un planteo dirigido al ciudadano: “En una sociedad como la nuestra, en la que asistimos a diario a hechos conforme describe la crónica policial y la experiencia cotidiana, denotan una actitud de desprecio por la Ley y la vida de las personas, cobra virtual importancia la conducta del ciudadano (…)”, afirma.

Se insta al cordobés (y por qué no al argentino) a que abandone “actitudes de indiferencia frente al delito y se involucre de la manera más rápida y directa posible con la problemática, en procura de contribuir a combatir el flagelo de la delincuencia y atemperar los efectos devastadores de la inseguridad (…)”.

Respecto de su rol, afirma que “el abogado, como auxiliar de la justicia en el noble, pero áspero ejercicio de su profesión, desde la actitud comprometida, la labor técnica y la contención desde lo humano, siempre presente en cada caso traído a estudio, debe dar el ejemplo, no abdicando frente al temor, a la conveniencia de intereses transitorios, a las presiones que genera la asistencia técnica en una causa compleja, etc.”

Hoy nos convoca desde un medio colega a reflexionar.

El Poder Judicial y la confianza pública

“Al adoptarse la forma republicana de gobierno en nuestro país, por imperio de nuestra Constitución Nacional, se le ha asignado al Poder Judicial la calidad de poder estatal independiente. La confianza pública viene reclamando desde hace tiempo y cada vez con más insistencia una estructura Judicial eficaz, en el que poderosos y débiles, funcionarios y exfuncionarios sean investigados y juzgados con las mismas herramientas procesales, utilizando un mismo baremo como hoja de ruta en el diseño de políticas de persecución criminal”, define.

“En un momento crítico como el que vive nuestra república, en el que las instituciones están sitiadas por un fenómeno tan contaminante como peligroso como es la industrialización de la corrupción, constituye una necesidad primaria mejorar el perfil y funcionamiento de la estructura del Poder Judicial, a fin de proveer al destinatario último, que es el ciudadano, de una mejor calidad de vida y pacificar las relaciones sociales, garantizando una mejor convivencia. Esta inclemente realidad es incompatible con la existencia de jueces y fiscales diletantes que muchas veces no brindan un trato igualitario acariciando al poderoso y aplastando al débil”, asevera.

Vigencia del estado de derecho

“Si realmente, la intención es honrar la vigencia de un Estado de Derecho, con un sistema republicano de gobierno, indefectiblemente la independencia funcional y de criterio de nuestros jueces y fiscales será fundamental al tiempo de cincelar el futuro de nuestro país, garantizando de esta manera el sometimiento incondicional al imperio de la ley”, explica.

“Por el momento, el escenario es desalentador, luego de 37 años de democracia, testimoniamos como sociedad un inocultable fracaso económico, elevados niveles de corrupción, desconfianza social en la Justicia y un peligroso proceso de deslegitimación de las instituciones”, lamenta.

A su vez, plantea que “En este escenario, el tiempo no debe ser desperdiciado y todos debemos trabajar incansablemente para revertir el desprestigio social de la Justicia y refundar las instituciones de nuestra nación”.

El peligroso juego de la corrupción

“Estamos pagando un precio demasiado alto como sociedad, por permitir que se construya poder muchas veces desde la corrupción y jamás debe olvidarse que el peligroso juego de acumulación de poder es el eje central de este flagelo”, interpreta.

Es entonces cuando asegura que “Ha llegado la hora de cerrar filas para honrar a los jueces y fiscales honestos y legalistas que aspiran a cumplir con el mandato contenido en el art. 8.1 de la Convención Americana (Imparcialidad e Independencia). Hoy más que nunca cobra vigencia el pensamiento de una de las mentes más preclaras del Siglo de las Luces -Voltaire-, quien sostenía que el hombre es dueño de su propio destino”.

Honrar la ley: El camino a la justicia

“Si esto es así, enfrentados como pueblo a la finitud del estropicio moral, debemos evitar que se astille la transparencia de los procesos judiciales a partir de la presión que muchas veces es ejercida por operadores del poder de turno”, alega.

“Los derechos de cada ciudadano sólo encuentran protección real y garantía plena en un poder judicial independiente, honrando nuestra Carta Magna y las leyes dictadas en su consecuencia. Las decisiones de la Justicia reflejadas en cada una de sus resoluciones en manera alguna pueden estar contaminadas por la injerencia extrajudicial”, sentencia.

“Los órganos judiciales no deben tomar partido por cuanto eso esmerila su legitimidad. La perspectiva conocida como realismo jurídico nos enseña que el derecho sólo es útil socialmente si está involucrado con la moral colectiva”, especifica.

El sentido de justicia como eje del sistema social

Nayi explicita que “Argentina es un péndulo en el que todo cambia, incluso la moral colectiva dominante; y en un país donde todo cambia no se puede desdibujar el sentido de Justicia, en derredor de la cual gira todo el sistema social, con el consecuente peligro de que el teorema quede expresado de manera invertida, escenario en el cual la Justicia se volatiliza”.

Porque “En una sociedad se puede vivir sin riquezas, se puede vivir sin belleza, hasta se puede vivir sin salud, se vive más pero se vive; sin embargo, no es posible vivir sin Justicia. Una sociedad sin Justicia es como una campana sin badajo”.

“Estamos pagando un precio demasiado alto como sociedad, por permitir que se construya poder muchas veces desde la corrupción; y jamás debe olvidarse que el peligroso juego de acumulación de poder es el eje central de este flagelo”, concluye.

Fuente: Comercio & Justicia

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