Alberto Fernández había arrancado el día ayer poco antes de las 11 de la mañana. Empezando su agenda española con una conferencia sobre marketing político en la Universidad Camilo José Cela, con la que tiene un contrato «hace más de diez años».

La charla sobre estrategia de campaña electoral fue puertas cerradas. Sólo los alumnos del curso y «algunos invitados especiales» fueron habilitados. Y nada de prensa. Tanta fue la reserva que pidió a los alumnos que no grabaran la exposición. «Esto es una clase», les dijo.

A la noche tenía prevista una cena con el canciller español Josep Borrell y con la titular de la Secretaria General Iberoamericana (Segib), Rebeca Grynspan. La funcionaria ofreció su casa para el encuentro, alrededor de la mesa de cena.

Hoy la agenda se reserva para encuentros privados con empresarios. El jueves será el día en que verá al presidente en funciones Pedro Sánchez y, luego, por la tarde, al ex presidente y también socialista José Luis Rodríguez Zapatero.

El viernes viajará fugazmente a Portugal, para entrevistarse con su primer ministro, António Costa, y responsables del área económica. Ese será el final de la gira.

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